sábado, 31 de julio de 2010

EL BEBE DISTINTO


Iria,para las ocho de la mañana, neblinosa y húmeda mañana, a la hora grata en la que los bebes, elevados al sinfín de los ríos de la inocencia donde habitan en alegre dispersión: ángeles, querubines, hadas y la bondad absoluta, comparten su espíritu naciente con ésta comunidad sacra hasta que despiertan al mundo al que pertenece su materia viva. Mundo de múltiples percepciones, distinto para todos, igual para nadie.

En el hospital olía a resignación en todas sus interpretaciones posibles. Una niña-madre, con un tremendo caudal de ilusiones aparcadas, acurrucaba en su seno casi incipiente a un hijo que en su momento podría reclamar si pudiera, a los cielos, la injusticia en el reparto de gracias. La madre, a la que la pena no hacía disminuir en nada su hermosura y esbeltez, arreboladas sus jóvenes mejillas, con su corazón de corto recorrido latiendo deprisa por la incertidumbre y la confusión del instante indeseado, sin embargo, no pudo evitar que las lágrimas brotaran en incesante fluir y se deslizaran hasta ahogarla en suspiros reprimidos.

Entregada su rebelde voluntad,-que niega la realidad- a la fuerza de la opinión de la mayoría en favor de la ciencia, que aconsejaba el sufrimiento del bebe en aras de una probable mejora, la joven que lloraba desconsolada hubiese trasladado el sufrir de su niño multiplicado por mil a su persona.

Dicen que Dios algunas veces escribe con renglones torcidos y nadie es capaz de entender la causa. Los gritos del inocente se clavaban en el alma. Cuando salieron, ella, estrechamente abrazada con su hijo pasaba incesante su mano por la cabecita, ungida de lágrimas de madre del pequeño, que seguía con su penar sin entender nada de lo que estaba pasando.

Me acerqué a ellos y vi que sus ojos miraban a ninguna parte. No dije nada, sólo desee, ferviente, que salieran adelante y que la joven tuviese la suficiente fuerza para acometer con éxito la prueba a la que la vida la iba a someter.

Les ví alejarse, acompañados de una brisa suave de Poniente, con el paso de los humildes hacia algún lugar donde reinaría la desazón. El niño, aliviado ya del sufrir, absorto, ajeno y acomodado en su cochecito mirando a los cielos, sonreía. Felicidad natural. Bendito inocente.

Conmigo se quedó, no sé por qué, una melancolía incierta.

LA HERIDA


Hoy, cuando el mediodía iba ya dando paso a la tarde, calurosa y brillante, como siempre en ésta época de Abril, en los albores de Mayo,-"cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor.." poeta dixit- ha venido Dani a visitarme. Venía con un fuerte dolor en una pierna y cojeaba visiblemente. Me ha contado que le ha mordido un perro. Un perro furioso-sabe Dios porqué- se abalanzó sobre él, clavando sus colmillos en un muslo. ¿Qué habrá podido pasar por la cabeza del animal, habitualmente noble, para hacer eso? Seguro que pensaba que estaba haciendo bien, defendiendo algo que su dueño le ha enseñado mal. Los animales siguen siempre las pautas de comportamiento que le marcan sus dueños. Departimos un poco de todo, de su familia, su trabajo, su vida...Pasamos unas horas, disfrutando de una amena conversación a pesar del percance, mera anécdota, cuando nos pusimos de acuerdo, en que vale más una herida en la pierna que una herida en el alma. Cuando nacía la tarde, vencido ya el mediodía caluroso de las postrimerías de Abril, con Mayo pidiendo paso, he tenido una visita que me ha traído una noticia. Singular noticia, que me ha servido, no obstante, para abandonar por unas horas mi soledad. Sin embargo, acudió rauda a mi encuentro en la fragante penumbra del salón que dejó Dani en su ausencia.

miércoles, 28 de julio de 2010

ATARDECERES FRIOS


cuando en las oscuras y tristes tardes del mes de Noviembre, vuelve Juan, otrora vecino de los pisos verdes, de su trabajo en el campo, en el que ya lleva empleada media vida, lo hace siempre silencioso y resignado. No hay indicio alguno de queja en su rostro, cuando llega a su casa. Descuelga una vieja bolsa con las sobras de la comida que su anciana madre le preparó en la madrugada y entra. En el pequeño jardín natural que la rodea, los descuidados y dispersos arbustos, que han experimentado hoy vivencias diversas, con el sol, las brisas y los gorriones jugueteando en sus ramas, parece que se alegran al verlo. El tiempo, que va, ya para Diciembre, saluda con oleadas de intenso frío, en el escenario sombrío de las noches al cielo raso, a centenares de trabajadores. Noches que harán que no puedan olvidar su condición. El aire puro que viaja raudo de no sé, qué recónditos lugares, me trae con sus olores exóticos que llenan mis sentidos, evocaciones felices de mi infancia q contrastan con elsufrimiento de las gentes pobres(hoy ya no puedo escribir mas estoy agotado de blog mañana elimino cosas

My tribute to Kurt Cobain

martes, 27 de julio de 2010

LA FLOR AJADA


Recuerdo que era una tarde azul.. De mucha luz. Y de calma, de mucha calma. Las hojas de los árboles quietas, inmóviles, paralizadas. Como en trance. Disfrutando del placer del dulce reposo. Ni siquiera una imperceptible brisa interrumpía una quietud perenne. A lo lejos, en las montañas vecinas podía verse con claridad, claridad eterna del mes de Junio, toda la flora autóctona, que cubre el suelo seco. Habíamos ido al campo, Virginia y yo Paseábamos y ella me hablaba y me mostraba lugares desconocidos para mí, en el campo abierto a los sentidos y a las almas. Hablábamos de continuo. Bueno, a decir verdad, yo, más que hablar, la oía a ella. Al pasar por la puerta de una casa de campo, corté una rosa roja, a la que el sol miraba con envidia, para entregársela, como homenaje a su belleza y al maravilloso día. Llegamos a una vieja balsa vacía, que en su día abastecería de agua para riego alguna plantación. Miramos abajo. Estaba seca. Pero el entorno era bello, la claridad se reflejaba en todo y las cosas parecían que tenían luz propia. Ella también estaba radiante, con sus enormes ojos y su cabellera de oro. Elegí aquel momento para entregarle la rosa. No pareció sorprenderle, y con indiferencia poco común, la cogió entre sus manos. "¿ Sabes? -me dijo- a mí las rosas no me gustan , la única flor que me gusta, es la clavellina." Al terminar de decir esto, arrancó unos pétalos a la rosa roja, y lo que quedó de ella, lo lanzó al fondo de la balsa. Allí quedó, mutilada y dormida, la flor. Allí quedó, con toda la carga de sentimientos que portaba, desamparada, la flor. Allí quedó, mirando al cielo azul que se fundía con su rojo sangre. Allí, tendida y sola , ofendida, ajada y sin alma. Allí quedó, tal vez con parte de mi corazón. Lo que quedó de la rosa. Lo que quedó de la flor. Con mi tristeza.

SALTOS ESTILO LIBRE

aqui no he pintao la moto jorge pero dime que no soy yo,encontraras mas de mis fotos por internet

el cabezo del molino


Veníamos ambos, subiendo la cuesta de la pesquera, cansados, con el sudor cayéndonos por las mejillas y colorados, como si la sangre quisiera escapar por entre la piel que volvía rosada en su evasivo intento. Íbamos a ver el Cabezo del Molino.

Caía la tarde de un Febrero en el que la primavera, soñaba que adelantaba su hora tibia sobre los campos dormidos, como si fuese Abril.

Lo que en horas anteriores había sido fulgor de fuego celeste que impactando en las retinas hacía brillar todo, ahora con el sol en retirada se convertía en plomo opaco, que en pocos minutos daría paso a las sombras que cubrirían todo el barrio de pescadores, dominarían, desde lo alto, toda la bahía del puerto y la arrinconarían, con la ayuda del castillo, hacia el pico de la Aguilíca, tratando de protegerla con su manto oscuro solapándola entre el mar y las colinas.

El inmenso cielo se tornaba negro y múltiplemente asaeteado por las infinitas luces doradas de las estrellas.

En la cima del molino, de lentas aspas que, monótonas, iban y volvían sin descanso, estuvimos parados contemplando el panorama que me trajo a la mente una frase que servía de tentación: " Tibi Dabo" que según, alguien le dijo a Alguien.

Yo miraba triste, sin entender. Siempre me ocurre. No entiendo muchos porqués. La mayoría de los porqués.

Miraba abajo, en la hora pura que va del crepúsculo a la noche y mi alma se llenaba de nostalgias, agudas nostalgias de tiempos en los que me pare cía que el futuro, por lo lejano, no llegaría nunca.

Y ahora me encontraba aquí, en ese futuro otrora tan lejano, con personas nuevas, experiencias imprevistas y un duro pasado, muy difícil de poderlo adivinar.

Todo tan lejos de lo que yo había planeado en mis sueños de niño. Siempre es así, todo tan distinto de lo que sueñas.

El olor a mar, que estuvo conmigo en toda la subida, se hacía cada vez más penetrante hasta dominar todos mis sentidos.

En unos momentos, acompañado mi ánimo, por la ternura de la incipiente noche que lo iba a llenar todo de paz, mis melancolías, arrinconadas en algún lugar profundo, afloraron con ardor contenido por días de larga espera. Preguntas sin respuestas en las noches tibias regaladas; evocación de tiempos pasados felices, de risas que no acababan; y tristes, muy tristes, de largos e interminables llantos amargos; personas nuevas en tu vida, en las lluvias largas de Octubre, en los calores de Agosto y ausencias, en los fríos del invierno crudo. Todo distinto, inesperado, real, cruel , maravilloso, variopinto, triste, alegre. Todo tan...

¡ Vámonos! ¡Volvamos a casa!