martes, 27 de julio de 2010

el cabezo del molino


Veníamos ambos, subiendo la cuesta de la pesquera, cansados, con el sudor cayéndonos por las mejillas y colorados, como si la sangre quisiera escapar por entre la piel que volvía rosada en su evasivo intento. Íbamos a ver el Cabezo del Molino.

Caía la tarde de un Febrero en el que la primavera, soñaba que adelantaba su hora tibia sobre los campos dormidos, como si fuese Abril.

Lo que en horas anteriores había sido fulgor de fuego celeste que impactando en las retinas hacía brillar todo, ahora con el sol en retirada se convertía en plomo opaco, que en pocos minutos daría paso a las sombras que cubrirían todo el barrio de pescadores, dominarían, desde lo alto, toda la bahía del puerto y la arrinconarían, con la ayuda del castillo, hacia el pico de la Aguilíca, tratando de protegerla con su manto oscuro solapándola entre el mar y las colinas.

El inmenso cielo se tornaba negro y múltiplemente asaeteado por las infinitas luces doradas de las estrellas.

En la cima del molino, de lentas aspas que, monótonas, iban y volvían sin descanso, estuvimos parados contemplando el panorama que me trajo a la mente una frase que servía de tentación: " Tibi Dabo" que según, alguien le dijo a Alguien.

Yo miraba triste, sin entender. Siempre me ocurre. No entiendo muchos porqués. La mayoría de los porqués.

Miraba abajo, en la hora pura que va del crepúsculo a la noche y mi alma se llenaba de nostalgias, agudas nostalgias de tiempos en los que me pare cía que el futuro, por lo lejano, no llegaría nunca.

Y ahora me encontraba aquí, en ese futuro otrora tan lejano, con personas nuevas, experiencias imprevistas y un duro pasado, muy difícil de poderlo adivinar.

Todo tan lejos de lo que yo había planeado en mis sueños de niño. Siempre es así, todo tan distinto de lo que sueñas.

El olor a mar, que estuvo conmigo en toda la subida, se hacía cada vez más penetrante hasta dominar todos mis sentidos.

En unos momentos, acompañado mi ánimo, por la ternura de la incipiente noche que lo iba a llenar todo de paz, mis melancolías, arrinconadas en algún lugar profundo, afloraron con ardor contenido por días de larga espera. Preguntas sin respuestas en las noches tibias regaladas; evocación de tiempos pasados felices, de risas que no acababan; y tristes, muy tristes, de largos e interminables llantos amargos; personas nuevas en tu vida, en las lluvias largas de Octubre, en los calores de Agosto y ausencias, en los fríos del invierno crudo. Todo distinto, inesperado, real, cruel , maravilloso, variopinto, triste, alegre. Todo tan...

¡ Vámonos! ¡Volvamos a casa!

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