miércoles, 4 de agosto de 2010

UN DIA

Mira al fondo, allá donde parece que el cielo se junta con los montes. Donde la radiante luz de la tarde de Agosto va cambiando su color por el grana y amarillo. Allá a lo lejos, donde se dibujan las siluetas de los árboles que las aves, en lo alto, escrutan buscando cobijo para cuando las sombras lo cubran todo. Mira y dime, ¿notas la belleza? ¿No puedes ver la armonía de todo lo vivo? Mira la higuera, se ve a través del arco del puente viejo de la finca del francés, aquel militar retirado que vino a pasar un verano y se quedó a vivir, incapaz de abandonar tanto contraste. Mira la rambla seca, donde un día las aguas discurrían alegres buscando la mar. ¿Has visto la casa grande encima de la colina? Hace mucho, me contaron que la habitaron unos ingenieros ingleses que vinieron a construir el puente del Hornillo. Mira las nubes, blancas, quietas, tocadas de rojo suave, que apacibles esperan el viento que las conduzca a nuevos cielos donde tomaran excéntricas formas. Mira también el sol que se va sin decir adiós, porque volverá mañana, muy temprano. Mira los niños, como gritan, como corren, como juegan, henchidos de vida.

¿ Oyes las campanas de la Iglesia de San José? Tocan a misa de nueve. Muy pronto se llenará de fieles que depositarán sus esperanzas en los santos y en Dios. Después, como mañana es fiesta, la gente irá a oír el concierto de la banda del pueblo.

Mira la vida humilde y sencilla. La naturaleza y las gentes que conviven con recuerdos y sentimientos heredados. Mira el afán de vivir, de resignarse con las cargas acumuladas. Mira el deseo de algo mejor, que unas veces se cumple, y otras no.

Cuando llegue por fin, la noche última, y exhausta, se quede en eterna sombra y no amanezca, cuando mi corazón entregue su esfuerzo al descanso, y me vaya en silencio, con un opaco brillo de resignada tristeza en la mirada cansada, pensando en la última puesta de sol coloreada, sencilla como la vida de mi pueblo, y en el umbral de mi delirio, me quede dormido suave rodando incesante hacia la nada, seguirán encendiéndose la auroras en los eternos amaneceres y no se apagará la perenne intolerancia entre los hombres. Sí, la vida alegre seguirá sin mí, con las mismas bellezas...y con las mismas miserias.

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